La casa ecológica del futuro

Por:

El Correo del Sol

La construcción causa el 50% de la contaminación ambiental. Además es la responsable de la extracción del 50% de los minerales y del consumo del 30% de la energía. Esto significa que se trata de una de las actividades que con más profundidad han de replantear su incidencia sobre el entorno para adaptarse a las necesidades de un desarrollo sostenible o duradero.

Sin embargo, sólo hace falta mirar alrededor para comprobar que buena parte de la arquitectura, incluso de las obras en marcha, se mantiene ajena a los criterios ecológicos. Se utilizan materiales contaminantes o insostenibles como el PVC, el poliuretano y el poliestireno; se levantan grandes fachadas de cristal que exigen un gasto enorme en climatización y se construyen edificios sin tener en cuenta su orientación respecto al curso del sol o la incidencia de los vientos.

Pero los acuerdos internacionales a favor de la sostenibilidad y el incremento de la concienciación harán que el futuro sea de la arquitectura ecológica. La exigencia de la certificación energética tanto en viviendas nuevas como en usadas es un pequeño paso en este sentido. Las auténticas casas ecológicas van mucho más allá de los actuales requisitos legales.

Los materiales

La construcción de una vivienda ecológica es compleja y apasionante porque se deben considerar multitud de aspectos. Hay que tener en cuenta desde el impacto de los materiales utilizados sobre la naturaleza a lo largo de todo su ciclo de vida, hasta sus efectos sobre el ser humano o la adaptación de la casa al entorno paisajístico, cultural y climático.

Son muchos factores y el cálculo de ventajas e inconvenientes es complejo, pero en general existe un consenso sobre la inconveniencia de materiales frecuentemente utilizados en las obras convencionales [Artículo: Guía para elegir los materiales básicos de construcción]. Éstos son el PVC y otros plásticos, el aluminio, el poliestireno expandido, el titanio, las fibras de vidrio y minerales, las fibras sintéticas, las maderas con formaldehído, las pinturas plásticas con metales pesados y disolventes tóxicos… Por el contrario, materiales como la madera, el ladrillo, el corcho, la cal, el vidrio y la piedra no presentan problemas.

También son materiales idóneos los reciclados o los residuos de difícil o imposible asimilación por la naturaleza y que pueden enterrarse en la obra, siempre que no desprendan emisiones nocivas para la salud o el entorno. Por ejemplo, neumáticos para rellenar muros o cerámica para realizar mosaicos. El único límite de la reutilización es la imaginación del arquitecto.

Diseño bioclimático

Pero la elección de los materiales no es la única clave para que una construcción sea ecológica. El otro aspecto fundamental es el diseño bioclimático: la orientación de las paredes, la colocación de las ventanas, la distribución de los espacios… Todo debe estar pensado para adaptarse a la luz y al calor del sol, así como a los vientos y al entorno físico del edificio con el fin de conseguir un acondicionamiento natural de la temperatura y de la humedad. Una casa ecológica y bioclimática bien diseñada es capaz de mantener en el interior condiciones muy confortables durante el día y la noche, en invierno y en verano, a pesar de los cambios del tiempo.

La elección de los materiales y la disposición de los elementos arquitectónicos también desempeñan un papel en la climatización, pues deben permitir el movimiento adecuado de las masas de aire. Para ello, sólo se necesita un sistema generador de calor (invernadero…), uno generador de frescor (patio sombreado, fuentes…), otro acumulador (muros, masas de aire…) y, sobre todo, un buen aislamiento que, a la vez, permita la respiración de la casa.

A partir de estos principios básicos, es impresionante la cantidad de trucos y técnicas de que dispone la arquitectura bioclimática para generar un ambiente agradable.

Una propuesta ideal

Podemos describir un modelo de casa bioclimática y ecológica. La orientación, la colocación de los muros y la distribución de espacios no obedecen al capricho, sino al eje que marca el recorrido del sol y a las características del terreno disponible para la construcción. La fachada sur, que recibe la mayor incidencia de los rayos solares, muestra grandes superficies acristaladas, en cambio, en los muros que dan al norte se abren huecos mínimos. Así, en invierno, se aprovecha la energía del sol durante el día. Este calor se mantiene durante toda la noche porque se acumula en los gruesos muros y en la masa de aire del salón de doble altura, que funciona arquitectónicamente como un invernadero.

Los muros, de 40 centímetros, disponen de corcho negro natural como aislante, doble tabique de arlita y una masa hacia el interior de ladrillo cerámico macizo, lo cual permite un gran aislamiento a la vez que una gran capacidad para mantener la temperatura interior estable. Las terrazas verdes cumplen la misma función.

El aislamiento no impide que las paredes respiren gracias al uso de materiales adecuados y a las pinturas –silicatos en el exterior y orgánicas de dispersión en el interior–. La respiración de la casa es fundamental para permitir la renovación de aire.

Adaptada a las estaciones

En verano, los toldos y contraventanas protegen del sol. Las ventanas están ubicadas de manera que permitan la salida de aire caliente justo en los lugares donde se acumula, así como la entrada de aire fresco por el norte. Por otro lado, un sistema de control informático abre y cierra las contraventanas, toldos y persianas cuando es necesario.

Nuestra casa ideal está dotada de una serie de instalaciones para ahorrar agua y  reciclar residuos: el agua de lluvia se acumula en depósitos, se depura y se utiliza para lavar, para llenar las cisternas de los lavabos y para regar el jardín por goteo o a través de vasijas porosas. Las aguas grises, una vez filtradas a través de lodo y arena, también se usan para regar y para las cisternas. Las aguas negras, junto con los residuos orgánicos de la basura, se transforman en compost para abonar el jardín y las plantas. Las bombas de recirculación del agua funcionan con placas fotovoltaicas y el agua caliente y la calefacción de suelo radiante lo hacen gracias a los acumuladores solares.

Las ventanas, especialmente diseñadas con una parte batiente, son de madera de castaño de producción ecológica con aval FSC (Forest Stewardship Council), acabadas con aceites y pigmentos naturales [Artículo: Puertas y ventanas de la casa ecológica]. La carpintería interior es de aglomerado sin formaldehído, con lámina de madera natural y cola blanca. Los suelos son de arcilla porosa, piedra, mosaico, vidrio y parquet [Artículo: ¡Cuidado con el suelo que pisas!]. Los tabiques interiores son de madera-magnesita, madera natural, yeso-celulosa, yeso-lana de roca, yeso-lana de roca-yeso, paneles de yeso-lana de oveja, bloques de arlita enlucidos de yeso, vidrio o aglomerados bajos en formaldehído. Las instalaciones de agua y electricidad son de plástico reciclable (polipropileno y polietileno) y los cables están libres de ftalatos y compuestos halogenados.

El bioclimatismo permite un ahorro extraordinario de energía, que puede ser aún mayor con la instalación de fuentes renovables para satisfacer el consumo cotidiano. En este sentido, no existe casa ecológica sin acumuladores térmicos solares para obtener agua caliente sanitaria y alimentar la calefacción, ni sin placas fotovoltaicas o generadores eólicos para obtener energía eléctrica. Incluso se pueden conectar los sistemas generadores de la casa ecológica a la red eléctrica, con la posibilidad de vender la energía a un precio superior al que se compra.

Un lenguaje nuevo

La vivienda ecológica se parece infinitamente más a un ser vivo que las convencionales. En los planos se pueden ver el trazado complejo de las instalaciones, la integración de los elementos entre sí y su lógica autosuficiente. Idealmente se trata de un arquitectura viva para albergar seres vivos, con la capacidad de reintegrarse en su medio después de su vida útil.

En la arquitectura ecológica es imposible encontrar soluciones estándard que sean aplicables en cualquier lugar, por lo tanto, contribuye a luchar contra la uniformidad aburrida de la arquitectura conservadora convencional. De la misma manera, impone sobre cada proyecto el sentido común, la reflexión y la razón, con lo que hace imposibles las frivolidades alejadas de las necesidades de las personas y de nuestro planeta.

Las viviendas ecológicas no sólo no son un problema, sino que son confortables, sanas y tienen en cuenta la dimensión espiritual de las personas a través del diseño, la distribución de los espacios, la elección de las texturas y los colores. Sin embargo, para que la arquitectura sostenible llegue a ser algo normal, es necesario que aumente la conciencia social sobre el impacto ambiental de la construcción. Todos tenemos derecho a vivir en casas respetuosas con la Tierra.

 

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