Mariano Bueno: “Consumir plantas de nuestro entorno protege la salud”

Autor del superventas Huerto familiar ecológico, es un gran divulgador no solo de la agricultura ecológica, sino también de la geobiología, la bioconstrucción y la vida saludable.

Su último libro, Cultiva tus remedios, es una guía de plantas locales curativas y depuradoras.

Quedamos en el 4º Congreso de Alimentación Viva y Consciente, en Barcelona, donde realiza una ponencia y participa en el debate de conclusión. Allí está Mariano, sonriente, detrás de un stand donde este gran divulgador de la agricultura ecológica, la geobiología y la vida sencilla y sana expone los muchos libros que ha escrito hasta ahora: son ya 17 y algunos de ellos, como Huerto familiar ecológico, auténticos éxitos de larguísimo recorrido.

En su obra más reciente, Cultiva tus remedios (RBA Integral), rinde homenaje a su madre y a toda la sabiduría de una generación de personas mayores que estaban en contacto directo con la tierra y conocían el poder salutífero de las plantas.

Pero a la hora de hacer esta entrevista, no contaba con la enorme simpatía que despierta Mariano entre la gente. Es como un imán. Todo tipo de personas se acercan para saludarlo, para pedirle que les dedique los libros que llevan bajo el brazo, que les dé unos consejos para el huerto, que conteste unas preguntas para canales de televisión… Es un trasiego constante. Tras 45 minutos de espera sin poder casi ni saludarlo, tomo la decisión de cogerlo del brazo y arrastrarlo literalmente hasta un lugar más tranquilo donde conversar.

¿No estás agotado con tanto ajetreo, tú que eres un hombre que necesita tocar la tierra con las manos?
Cuando estás viviendo lo que crees que te corresponde y que tu trabajo es útil para los demás, eso da una energía y un bienestar interior que suple el agotamiento y el sobreesfuerzo que supone el haberte convertido quizás en un personaje público que la gente reclama.  Cuando ves que a cada uno que le explicas algo le sirve en el proceso que está viviendo, a mí no me agota, al contrario. Tengo un mecanismo que es el “cuando llego”.

¿Qué es el “cuando llego”?
Es una anécdota de un amigo fotógrafo mientras atravesaba la selva amazónica con los indios yanomami para llegar al poblado. Estaba tan agotado que les decía: “¿Pero vosotros no os cansáis nunca? ¿No os paráis a descansar?” Y ellos respondían: “Nosotros, cuando llegamos. ¿Para qué quieres estar cansado si aquí no tienes una cama donde descansar?” A veces necesito dos o tres días de descompresión. Ahora que estoy aquí y puedo aportar cosas, pues no me importa ese sobreesfuerzo.

¿Y esa descompresión la consigues tocando tierra?
Sí, sigo cultivando el huerto, he creado un lugar para vivir, estoy cerca del mar, el sol… El contacto con la naturaleza te reconecta. Cuando he viajado mucho, he dormido poco y pasan unos días que no puedo tener ese contacto con la tierra, la naturaleza y el sol, me agoto mucho. Pero luego te descalzas, vas por la tierra del huerto y se te cura todo.

Has sido pionero en la divulgación de la agricultura ecológica y tus libros han servido de guía e inspiración a muchas personas que han decidido cultivar la tierra.
En realidad, mi primer fue Vivir en casa sana [Las radiaciones cosmotelúricas y su influencia en los seres vivos] en el 88, y a partir de ahí hice un trabajo de divulgación de biohabitabilidad, de la geobiología y la bioconstrucción en España. Y en 1999 escribí el que ha sido y sigue siendo un “long seller”, el Huerto familiar ecológico, que era una necesidad para mí en ese momento. Yo ya llevaba un ritmo como ahora, de viajar mucho, intentar divulgar al máximo y, al mismo tiempo, llevaba adelante el huerto. Llegó un momento en que me agoté mucho y necesité parar. De hecho, el título inicial de Huerto familiar ecológico era Cultiva salud, y durante muchos años aparecía ese título en la contraportada. Me tomé un respiro de tres años, donde intenté volcar toda la información de la que disponía y mi experiencia, porque veía que la gente que quería hacer agricultura ecológica aquí se encontraba con que la mayoría de libros eran franceses o alemanes o ingleses, para climas muy diferentes. Quise plasmar mi experiencia, como hijo de agricultores que había pasado de la agricultura convencional química con mis padres a una ecológica, volcando todos los problemas con los que me había encontrado y las soluciones para nuestro clima y nuestra tierra.

Tú siempre dices que cultivar un huerto es una actividad terapéutica en sí misma.
Estoy contento por la cantidad de gente que, solo con esas herramientas, sin experiencia previa, ha conseguido, y consigue, unos huertos y unas cosechas sanas, excelentes y con muy pocos problemas. Es muy gratificante ver que un señor mayor que ha estado toda su vida trabajando en una fábrica, que con la jubilación no le encuentra ya mucho sentido a la vida, luego, con un trozo de tierra y con la información del libro, le ves la persona más feliz del mundo.

Tu último libro es Cultiva tus remedios, ¿es una propuesta para contrarrestar esa “mochila tóxica” que, según tú, todos llevamos puesta desde que nacemos? 
Por un lado, es un homenaje a mi madre, que para mí fue mi maestra. Era hija de agricultores, trabajó en el campo desde los 10 años y es una mujer muy sabia. Gran parte de mis aptitudes como comunicador se las debo a ella. Mi madre me contaba muchos cuentos, muchas historias, es una gran narradora, y eso me ha dado muchas herramientas para poder comunicar con la gente. Por otro lado, es una mujer que siempre está en contacto con la naturaleza, con las plantas, tiene una sensibilidad muy grande, y siempre nos curábamos con plantas medicinales en casa. Solo en situaciones de accidente o muy serias nos tenían que llevar al hospital. Toda esta generación ha quedado ignorada y esa sabiduría la hemos dejado de lado. Para mí recuperar ese uso y conocimiento de las plantas que antes era habitual es una manera de homenajearlos. Si para el 90% de los problemas que tenemos hay un remedio a nuestro alcance, ¿para qué nos complicamos la vida?

Una planta que crece en un lugar con un buen sustrato orgánico sintetiza sustancias para protegerse del medio y, cuando la comemos, esas sustancias nos protegen también

¿Qué otros conocimientos podemos encontrar en este libro?
Hay dos aspectos muy importantes que he intentado relatar. Por uno, que las plantas nos dan remedio para casi todo y es fácil, y por otro, la importancia de ingerir plantas y alimentos que crecen cerca de donde vivimos. Estamos viendo que las plantas que crecen cerca generan sustancias específicas para protegerse de radiaciones, del clima, del estrés hídrico, del frío, del calor… Pero, sobre todo, de compuestos químicos ambientales, de virus, gémernes, hongos… Cuando nosotros comemos plantas, tanto hortícolas como medicinales, que han crecido cerca de donde vivimos, nos estamos vacunando de los tóxicos del aire, del agua y de los gérmenes, virus y sustancias tóxicas que hay en nuestro entorno. Estamos tomando sustancias que ellas han sintetizado. Pero solo las sintetizan aquellas que tienen materia orgánica y compost en sus raíces. Eso es otra cosa que he descubierto. Hay estudios que han realizado el experimento de cultivar tres patateras en tierras diferentes: en tierra sin materia orgánica y con abonos químicos, en tierra con un 5% de materia orgánica, y en tierra con un 50% de materia orgánica. Cuando las patateras eran grandes en un invernadero, se ha inyectado SO2 y ozono, y al reaccionar se ha creado ácido sulfúrico. Las patateras cultivadas solo con abonos químicos y tierra se quemaron el 89-90%, las que tenía un 5% de materia orgánica, se quemaron el 40%, y las cultivadas con mucha materia orgánica solo se quemaron un 5-8%, apenas mostraban algunas manchitas quemadas. Las plantas tienen sustancias en sus raíces para recombinar y hacer moléculas que regeneran el daño que le produce ¡el ácido sulfurico! Una planta que crece en un lugar con un buen sustrato orgánico sintetiza sustancias para protegerse del medio, y a mí, cuando me la como, esas sustancias me protegen también.

Hay un capítulo que se titula “Cultiva tu Botiquín”, ¿qué plantas deberíamos tener cerca, en la ventana de casa, y para qué usos?
Hay una serie de plantas muy potentes: la albahaca, que aparte de ser un buen condimento, estimula el sistema inmunitario. Se le llama la alegría de la huerta, para personas con depresiones es un neuroestimulante, crea alegría interior y, entre otras cualidades, ayuda a las digestiones. Igual el romero. Cuando estás en periodo de estudios y trabajo mental, es el ginseng europeo. El tomillo es nuestro antibiótico: para heridas, dolor de garganta, etc, junto al limón es excelente. Hay una clásica, el aloe, cuya pulpa interior tiene un efecto regenerador de la flora digestiva, es antiinflamatorio y sirve para las quemaduras. Se ha visto que, haciendo un jarabe con la hoja entera, incluida la piel, y tomando tres cucharaditas, tiene un efecto regenrador celular impresionante, antimutágeno y regenerador del hígado, pero con la parte externa, que es donde hay más principios activos. Hay otra como la artemisa para todo lo que es el tema menstrual femenino.  Y para los hombres y la próstata, la ajedrea. La lavanda y el espliego, en tintura, se usan para el dolor corporal, contusiones, dolor articular, etc.

Huertos urbanos, comunitarios, escolares, cultivos en balcones y terrazas… ¿A qué crees que se debe este creciente interés por cultivar alimentos? ¿Es por la crisis?
No, la crisis da un argumento más para encontrar alimentos más baratos, pero no es la causa principal. Hay una máxima que yo he estado comentando desde el principio, incluso en mi primer libro, Vivir en Casa Sana: es una pena que aprendamos y que cambiemos no por comprensión sino por sufrimiento. ¿Cuál fue el primer país con criterios ecológicos y medioambientales de Europa? Alemania. A principios del siglo XX se contaminó tanto de productos químicos y de sustancias tóxicas que, 20 o 30 años después, empezaron a padecer los efectos secundarios de toda esa química esparcida por los campos, comida en los platos, metida en el cuerpo. Era evidente que la gente estaba enfermando. Se sabía dónde estaba la causa y hubo un movimiento muy grande para darle la vuelta y minimizar el impacto de esa industrialización. Cuando eso ocurría en Alemania, en España, en los años cincuenta, estábamos con el carro y la mula. Aquí la industrializacion fuerte llegó con los años 70 y 80, por lo tanto, 30 años después se tienen los efectos secundarios. Las secuelas de esa industrialización y contaminación lleva a la gente –por enfermedad, por problemas de salud– a buscar alternativas de vida más saludables.

Se ha observado en estudios científicos que las radiaciones de los móviles, tabletas, wasaps, wifi, restan fluidez a la sangre y pueden provocar ictus

Pero ahora hay una mayor conciencia de la salud que aportan los alimentos ecológicos, y esa conciencia se extiende exponencialmente.
Sí, es cierto, pero también hay mucha contrainformación. Las mismas herramientas que utiliza la gente para divulgar se emplean para contaminar la información. No hay peor mentira que la que más se parece a la verdad. Usan el mismo lenguaje que sirve para difundir cosas positivas pero para darle la vuelta y minar el territorio, la credibilidad, la confianza…

¿Te refieres a todos esos estudios y libros que dicen que los alimentos ecológicos no aportan más salud que los convencionales o incluso que los industriales?
El tema es que, si cada día se hacen, por ejemplo, 1.000 estudios nuevos, entre tesis doctorales, másters, estudios de universidades, es muy fácil enmascarar la realidad. Hay científicos que usan la ciencia como un utensilio de manipulación social, porque de esos miles de estudios, 10 van a favor de tal empresa y son de los únicos de los que se habla. Todos los demás los cuestionan. Y si alguien publica un estudio que va en contra de sus intereses, simplemente dicen que es un estudio sesgado, que se debe investigar más. Y, además, mienten descaradamente, como ocurre con la contaminación electromagnética. Dicen que no hay ningún estudio que demuestre los perjuicios de las ondas electromagnéticas. Eso me recuerda a la época en la que se argumentaba que el tabaco no era perjudicial porque, decían, “no hay ningún estudio que demuestre que provoca cáncer”. Y científicamente no estaba demostrado. Hasta creo que el año 95 no se demostró. Y mientras, cuántos millones de personas han sufrido enfermedades muy graves simplemente porque científicamente no estaba demostrado algo que con la evidencia estaba claro, que todos los médicos ya sabían, pero, sin esa corroboración científica, no se podía legislar y no se podía hacer nada. Cuando la investigación está a debate y hay unos que sí y otros que no, dicen que, como no está claro y no está corroborado, se puede seguir contaminando.

¿Con las ondas electromagnéticas se está dando esa contrainformación? 
Hay una política de silencio. Los medios de comunicación tienen prohibido hablar de estos temas. Cuando se publica una investigación, se menciona de puntillas y al día siguiente sale un alegato de un científico pagado por la industria. Ya conozco dos o tres que son mercenarios de las grandes empresas de telecomunicaciones, que se encargan de que, siempre que se publique una noticia que pueda estar en contra, se saque una página entera en los periódicos –financiados, obviamente– diciendo que no pasa nada, que no está demostrado, etc. Es un lobby que tiene muchos intereses. Y la farmaindustria hace lo mismo. Explicaré una circunstancia que ha sido muy descarada. La OMS y el IARC [International Agency for Research on Cancer], el instituto de investigación para el cáncer, llevaban años diciendo que las ondas electromagnéticas no afectaban a la salud, que no estaba demostrado. Pero, en el año 2011, durante la reunión que tenía que tener el IARC para analizar estudios realizados durante algunos años sobre la relación entre las ondas electromagnéticas y la salud, una periodista sacó a la luz que el médico jefe del grupo de trabajo era hermano de un empresario de telecomunicaciones de un país del norte de Europa. Él mismo tenía acciones en la empresa de telecomunicaciones. Rastrearon y vieron que era el médico que siempre había rechazado los estudios que evidenciaban que los campos electromagnéticos son perjudiciales. Eso se hizo público y lo despidieron. Y se reunió el comité sin este individuo, revisaron los estudios y vieron que hay evidencia científica más que suficiente. Así que esta información sirvió de base para la resolución del Parlamento Europeo de mayo de 2011 donde se dice que los campos electromagnéticos de alta frecuencia, telefonía movil y demás son potencialmente cancerígenos. Cuando lo publicaron, se les tiraron al cuello diciendo que no se habían hecho nuevos estudios. Claro, simplemente habían revisado los anteriores sin el filtro de los intereses de alguien, y la evidencia era esa. Por eso no se habla de este tema.

A los científicos que han llegado a la conclusión de que el wifi y las ondas del móvil son potencialmente peligrosas para la salud los llaman “paranoicos”.
Es la misma situación que con el tabaco. Cuando se prohibió fumar en los bares, parecía que se tenía que acabar el mundo, que los bares y restaurantes cerrarían, se arruinarían. Y sí que han cerrado algunos, pero seguramente más por la crisis. La gente tiene más salud gracias a eso y ha bajado el índice de cáncer de pulmón, que era la primera causa de muerte evitable. Ahora la primera causa de muerte evitable es el ictus. En los hombres es la primera y, en mujeres, la segunda. Casi nadie se ha preguntado qué está incrementando los ictus, las embolias o trombos cerebrales. Hay varios estudios científicos publicados –que se pueden encontrar en el PubMed o MedLine– donde han observado que las radiaciones de alta frecuencia de los teléfonos móviles, tabletas, wasaps, wifi, tienen un efecto sobre la sangre, hacen una agregación plaquetaria y de glóbulos rojos. A una persona le sacan sangre diez minutos antes de hablar por el móvil, se mira en microscopio y aparecen todos los glóbulos rojos repartidos de forma uniforme. A los 5 o 6 minutos de hablar por móvil, si te sacan sangre, los glóbulos rojos están como apelotonados, en paquetes que hacen pequeños trombos. Porque los campos electromagnéticos son como un imán y el hierro que tienen los glóbulos rojos queda como atraído. De alguna manera le restan fluidez a la sangre y hacen que, junto con la alimentación y otros factores, revienten pequeñas venas y pueda comenzar un ictus. Y también conozco un científico, Balmori, que dice que ahora hay más embolias cerebrales que no cardiacas porque pasamos muchas horas hablando por móvil.

¿Se sabe si hablar por teléfono con el aparato pegado a la cabeza es tan preocupante como conectarse a internet con una tableta o un smartphone?
Lo más peligroso es lo que acerca más la fuente de radiación, la antena del móvil, a la cabeza, o una zona sensible. Curiosamente, el wasap, que mucha gente ya tiene porque es gratis, etc, emite un tipo de radiaciones bastante caóticas. Porque al menos cuando hablas por teléfono lo haces solo un rato, pero el wasap es continuo.

Pero el uso de esas tecnologías es totalmente cotidiano en nuestra vida diaria.
Cada vez que pulsas las teclas del smartphone, está haciendo unos intercambios de información con la antena, y eso es bastante terrible. Y coincide el aumento de wasaps y smartphones con el incremento de ictus. Otra consecuencia ya muy evidente son los efectos en los órganos reproductores. Las chicas que, por ejemplo, hacen la tesis doctoral con el portátil sobre las piernas, eso afecta a los óvulos, crea una alteración en el aparato reproductor. Junto con los químicos y alimentación, es un factor coadyuvante de que el nivel de fertilidad haya bajado tanto en hombres como en mujeres en las últimas décadas.

Si se pidiera a los jóvenes que pasaran del móvil y el wasap, se negarían en redondo.
Pasa lo mismo que con el tabaco, es adictivo, y también los efectos son a largo plazo. Hay una pequeña diferencia, en el tabaco la latencia desde que has comenzado a fumar hasta que se observan problemas de salud es de veinte años. Con las radiaciones de móvil y wifi ya se tienen unos efectos similares a partir de los diez años de uso continuado.

 

L’Hort de les Flors. El creciente interés por las opciones de vida más saludables ha propiciado que a principios del 2013 se pusiera en marcha en Benicarló un proyecto abierto de huerto urbano, ecológico, pedagógico y social. Un grupo de personas del colectivo de la tercera edad buscaban un espacio y el apoyo del ayuntamiento para crear huertos ecológicos donde cultivar alimentos saludables y compartir experiencias con la gente joven. Al pedir la colaboración de Mariano Bueno y Jesús Arnau, vio la luz el proyecto de L’Hort de les Flors, planteado como un espacio de participación abierta y horizontal, que propicie las relaciones intergeneracionales y con marcado carácter socioeducativo.
Talleres y cursos en La Senieta. En su finca La Senieta, de Benicarló (Castellón), Mariano Bueno imparte cursos y talleres de Huerto familiar ecológico, Casa sana, Introducción a la geobiología y la bioahabitabilidad, y talleres vivenciales Sin miedo a la muerte. Las fechas y calendario der las actividades programadas se pueden consultar en su web. 

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